martes, 18 de mayo de 2010

Una noche, una mañana

José tuvo una noche pésima: volvió de trabajar muy tarde, problemas en el transporte, problemas al calentarse la cena, problemas de insomnio después. Durmió seis horas y se levantó para ir a trabajar, otra vez. Las tostadas se le quemaron y su gato ofendido le dio la espalda. Gato puto. El único cable a tierra que le quedaba era un pucho en el furgón.
Andrés durmió bien, ocho horas de corrido y media horita más de fiaca. Pero al salir a trabajar tuvo problemas: primero se demoró en el baño, con lo cual corrió el colectivo y no lo alcanzó. Tomó el siguiente, que siempre venía hasta las manos, y tuvo que comerse una cola de quince personas para sacar el boleto del tren. Vio pasar varios trenes. Cuando por fin pudo pasar, se apuró porque uno acababa de ingresar a la plataforma y ya estaba cerrando las puertas. Pasó el molinete y se cerraron, pero vio que en el furgón un tipo mantenía una hoja de la puerta abierta con el pie. Corrió como engendro endemoniado, viendo que el tren empezaba a acelerar, y cuando estuvo por poder dar el salto dentro del furgón, el que sostenía la puerta, sonriendo, sacó el pie y la dejó cerrar.
Andrés se quedó como un boludo tecleando en el andén, masticando puteadas venenosas, y José lo vio alejarse en la distancia, con una mezcla entre goce perverso y arrepentimiento y estupidez.


Tercer día de trabajo: descubrí que paso menos de 9 horas en casa, con lo cual no puedo poner a cargar las pilas para el mp3 durante la noche (el cargadorcito es viejo y tarda 12 horas), y tengo que hacerlas durar sí o sí hasta el fin de semana.

1 comentario:

  1. Cuánto de real? Cuánto de fantasía? Cuánto de creatividad? Una mezcla de todo! todo pasa hasta la primera semana de trabajo, después se convierte en anécdota! amarillo limón, bien de locos!

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