martes, 18 de mayo de 2010

Hamaca de duraznos

Cuando iba a la casa de mi abuela yo corría siempre a saludarla a ella y luego a saludar a la hamaca. Era un tablón viejo con dos sogas colgando de un duraznero nudoso y viejo. Me hamacaba horas seguidas sin parar, hasta que me llamaban a tomar el jugo. Amaba a esa hamaca como algo propio de mi abuela, como si fuera otra cara de mi abuela, su brazo o la cintura que abrazaba.
Mi abuela murió la semana pasada. Hace diez años que la hamaca se rompió y que no pensé más en columpiarme en ella. Hoy mi mamá me pidió que fuera a la casa de la abuela y limpiara un poco el jardín. Lo único que hice fue destruir el duraznero a hachazos, guardar el hacha e irme.


Primera entrada durante el trabajo. Yu-pi.

1 comentario:

  1. Empezó icílico y d e un hachazo cambió de rumbo, sin respiro! como una escala de valores donde todo se nubla y el negro lo inunda todo

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A ver qué tenés para decir...