-No hay cosa que se rompa... -dijo el linyera mientras caminábamos con paso cansado frente al edificio que se vino abajo la semana pasada sobre Callao-... que no se pueda romper dos veces.
Los bomberos, que todavía seguían trabajando entre los escombros, acababan de encontrar a una señora muerta junto a su caniche. Una nena, en la vereda de enfrente, lloraba.
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