miércoles, 5 de septiembre de 2012

No hay cosa que se rompa

-No hay cosa que se rompa... -dijo el linyera mientras caminábamos con paso cansado frente al edificio que se vino abajo la semana pasada sobre Callao-... que no se pueda romper dos veces.
Los bomberos, que todavía seguían trabajando entre los escombros, acababan de encontrar a una señora muerta junto a su caniche. Una nena, en la vereda de enfrente, lloraba.

martes, 4 de septiembre de 2012

Sacrifices

Otra persona salió hoy de abajo de mi cama. Sentí un súbito peso, luego el golpe de un cuerpo cayendo. Alguien que rueda de costado, se levanta, se despide y se va caminando. Ayer salió un hombre de negocios, anteayer un payaso. El que más tardó en irse fue el paleontólogo de la semana pasada, que se me quedó mirando luego de salir de abajo de la cama, y como no contesté nada se fue de casa dando patadas.
Pero el hombre que salió hoy me hizo llorar una lágrima. Iba limpio y contento, bien afeitado. Tenía una foto de una mujer con un nene en la billetera, y un anillo en el dedo. Con lo de hoy ya sé, ya está, se fueron todos. Y sólo quedó un viajero.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Querida galería

Me contaron de este cuadro. "Es arte abstracto" me aclaran enseguida, primero dicen que es el mejor cuadro que vieron en su vida, y enseguida añaden que es arte abstracto. No sé, como si fuera para entendidos. Lo curioso (y es lo que realmente me llevó a visitar esta galería al fin y al cabo) es que recibí la misma crítica y los mismos comentarios de toda clase de gente: artistas, periodistas, estudiantes, chicos de primaria, un abogado e incluso un linyera. Habrá que ir a ver ese cuadro, pensé.
Y vine. Había que hacer cola para entrar. Creo que esta galería nunca tuvo mayor gloria que la de esta última semana. Estando en la cola pude ver a la gente ansiosa por entrar. Estaban los que esperaban impacientes por ver el cuadro por primera vez, y los otros, que a veces hacían de acompañantes, que no paraban de hablar sobre la impresión que les había dado la primera vez que vieron el cuadro, y cómo cambió la segunda, y la tercera, etcétera. Recién en ese momento noté a la gente que salía de la galería. En un noventa por ciento de los casos, salían llorando.
Y ahora estoy viendo el cuadro. Se complica entre todos los que se amuchan y codean y se ponen en punta de pies para poder ver. Creo que los primeros cinco segundos de contemplación debí haber elaborado y desechado unas veinte teorías distintas: no es este cuadro; es una broma; ¿a dónde tengo que mirar?; esto es obra de los simuladores; el mundo se volvió loco... No sé. La verdad. Veo un cuadrado imperfecto de fibrofácil sin trabajar y con manchas en un marrón un poco más oscuro. ¿Qué quieren que les diga? No me provocó nada. Y no es que no intenté llorar como esa gente que, al primer vistazo, dejaba saltar las lágrimas, conmovidos como si se estuviera muriendo la Madre Teresa en sus brazos. Estuve más de una hora frente al cuadro, me pegué a la pared del fondo y estuve mirando, mirando, mirando... Es un cuestionamiento al las soluciones tradicionales del arte, sí, todo bien, pero eso se viene haciendo ¿desde hace cuántos años ya? ...Si dieran vuelta el fibrofácil creo que habría un juego más interesante de diagonales, ¿eso lo noté sólo yo?
Igual sé que no soy el único. Vi a un hombre que fumaba que tenía las reacciones que yo tuve. Miró para todos lados sin entender de qué se trataba todo el alboroto. Me vio, nos encogimos de hombros a la vez, y siguió su camino. Probablemente, si alguna vez cuenta que fue a ver este cuadro, repita lo que los otros dijeron, o niegue completamente haber ido nunca.
En fin, la última de mis sorpresas fue, al acercarme al libro de visitas, encontrarlo completamente en blanco. Nadie, de toda la gente que vino, se detuvo ni un minuto a poner por escrito ni una sola de las cosas que le pasaron al ver ese pedazo de fibrofácil manchado de caca. Nadie. Ni uno. ¿Por qué yo sí? No tengo idea. Creo que hoy me di cuenta que, o no tengo idea de nada en esta vida, o nadie tiene idea de nada pero tenemos ideas distintas.
Si me toca hablar de esta experiencia con alguien más, lo único que voy a mencionar es que fui la primera persona en firmar el libro de visitas. Eso me va a resaltar sobre el resto. Total no creo que nadie se detenga a leer estas líneas.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Felicidades de todos los minutos

A qué llama la gente felicidad, no lo sé. Yo no conozco una, sino muchas felicidades. Porque existen de a montones. La felicidad buen clima. La felicidad dinero. La felicidad música. La felicidad dar una mano. La felicidad estar tranquilo. La felicidad peligro. La felicidad optimismo. La felicidad trabajo hecho. Y las felicidades personas. Hay variadas, para no aburrirse.
Ahora bien, hay una felicidad esquiva, que no espera a nadie y se esconde por diversión, que es la felicidad amante. Creo que es a ella la que todos caratulan como la única felicidad y es la que todos andan buscando como desesperados. Y sin embargo creo yo que es la única que no vale la pena buscar.

sábado, 1 de septiembre de 2012

Despierta cínica

¿En qué momento nos volvemos cínicos? ¿Cuándo dejamos de sentir empatía por las cosas? ¿Cuándo pasa a valer todo lo mismo, y lo mismo nada? ¿Es con el primer desamor? ¿Con el quinto? ¿Entonces cómo es que no me desanimo y le sonrío a cada beso como al primero?... ¿Pero de verdad sonrío? ¿O qué veré en el espejo mientras pienso que sonrío? Ya a tanto no sé si me animo.
El que está en la oscuridad ¿acaso no espera el día? ¿Quién es tan tonto como para creer en la eterna noche, o en el eterno día, o en el cuadrado sol?

jueves, 30 de agosto de 2012

Condición Humana LVI

Las promociones son tentadoras, Carlos lo sabe. Pero Carlos es pillo, nunca lo van a agarrar desprevenido. Carlos sabe, Carlos conoce, Carlos entiende la pérfida mentalidad de los que crean las promociones. Hoy te dan dos al precio de una, dentro de una semana te dan tres, dentro de un mes pagás un poquito más y tenés tres y un alfajor. La cuestión, se dice Carlos, es saber esperar. Porque siempre va a venir una mejor promoción que la que te están ofreciendo ahora. Clavado que va a salir algo más conveniente. Si son así estos tipos, y pretenden tomarte por boludo.
Y al final Carlos un día estiró la pata sin haber aceptado una promoción ni una puta vez. Ni una. Carlos se murió y nadie supo quién fue. No se acordaron de él ni los del call center que mil veces intentaron engatusarlo. Sí, engatusarlo a Carlos.

Crucemos los dedos, crucemos crucemos

Un hombre con cara de abatido, párpados abatidos, bigotito mustio, espalda caída, labios masticando las mil réplicas que nunca dijo. El arcoíris infinito que destella en la hoja llena de stickers brillantes que me dio un nene y que no compré. Un flaco en moto, al lado de las vías, esperando que levante la barrera, su casco negro refleja todo el cielo. El sonido que no me llega pero que imagino del envoltorio de un alfajor hecho un bollo y que rueda por el piso del tren cuando abren la puerta del otro vagón, y que va de acá para allá, de acá para allá. Una mujer muy gorda que deja caer su monedero, que no puede agacharse a levantarlo y que agradece, colorada, al chico que se lo alcanza. Después el olvidado sonido de unas monedas cayendo dentro de la máquina del colectivo. Esa noche, al volver a casa, había otra vez internet. Uno tiene que estar atento, todo el tiempo, bien despierto, soñando pero atento, ligero pero lento. Nunca sabemos cuándo lo que vemos resultó ser importante.