domingo, 8 de marzo de 2009

Dos y nueve: centella

Tal vez sea el destino,
tal vez, mi desatino.
¿O será mi sólo culpa, o una mariposa?
Murphy quizás, que no hace más que empeorar las cosas.
Quizás sea esa la suerte que nos toque hasta la muerte.
Quizás es que yo no merezco verte.
¿Intentar, seguir haciéndolo?
Lo hago sin darme cuenta, lo intento atando cuerdas.
Pero no: cada vez que acordamos,
un lugar, un día muy esperado,
algo malo te sucede, imprevisto e inevitable,
y nuestra cita, sin vos, se muere.




Por judío y por avaro me he quedado sin mi palo.
Por vago y atenido: mis amores he sufrido, mis virtudes he perdido.

Sacrílego

Juani se asustó cuando se atrevió a pensar, así por pura picardía de su cerebrito, que Jesús, el Dios hecho Hombre, también se debía haber tirado pedos.
-Flatulencias, Juani -corrigió la mamá divertida-. Y sí, seguro tenía flatulencias. Pero la verdad no es tan importante. ¡A cualquier persona le pasa! Al presidente, a tu maestra, ¡al Papa, imaginate…! A papi, a mami, a los abuelos... es completamente normal, pero es mejor no hablar de eso y pensar en las cosas buenas de la gente.
Juani asintió, pero se arrepintió profundamente de su pregunta. Desde entonces jamás pudo mirar de la misma manera al Cristo Crucificado, y mucho menos a su mamá.

sábado, 7 de marzo de 2009

Cinco segundos

Un poco más o un poco menos de cinco segundos tuvo apoyado el lápiz contra el papel. Quizás piensen que no es mucho, pero en esos cinco segundos se llenó de adrenalina. Lo primero que pensó es que iba a fallar, que ya en el centímetro siguiente su trazo se iba a desviar. Pero cuando pasó la mitad no pudo más mantener sus párpados apretados. Y recordó aquella historia que le había contado su maestro de dibujo... Miguel Ángel había logrado que lo contrataran para pintar la Capilla Sixtina simplemente con algo así: dibujando de un sólo tramo, con una tiza en una pizarra, un círculo perfecto. Fácil, pensarán, pero no: más difícil que muchas cosas, una empresa a la que casi todo humano está llamado a fracasar.
Y ahí estaba: tras cinco segundos, un poco más o un poco menos, había hecho una circunferencia perfecta sobre la hoja. Sí... qué placer... qué similitud extraordinaria: ¡él y Miguel Ángel, unidos por dos círculos!
Ahora le quedaba el otro ojo. A ver si tenía tanta suerte o si iba a necesitar la ayuda de la goma.

El cruel Cupido

Guadalupe fue una de esas maldecidas por el destino: Cupido se enamoró de ella. Hay quienes lo ignoran y quienes no lo quieren creer, pero de todos los seres de la Creación, Cupido es el más enamoradizo. Aunque él también está maldito por el destino: tiene prohibido el amor.
Por eso Guadalupe no sabe por qué ni cómo, pero vive rodeada de vagos, golpeadores, mentirosos, jugadores compulsivos y demás gentes despreciables que la persiguen y acechan. Pocas veces llegó a una relación con alguno de ellos, pero sus experiencias ya la cansaron. Y Cupido cumplió su meta: si Cupido no tiene a Guadalupe, nadie la tiene.

viernes, 6 de marzo de 2009

Plantita rodadora III

Usualmente das un día de plazo,
¡pero ahora lo hacés sin dar respiro!
¡¿Por qué hacés eso?!
Preguntó el viento desaforado, arrastrando otra planta rodadora.
Es que esta planta estaba harta
y necesitaba ir al baño.
Era urgente.




Me gusta lo prohibido, me gusta resistirme, me duele a fin de cuentas ver que nada de eso sirve.

La vida de Sholín Muhamaha V

Decían que Sholín Muhamaha era el más grande pensador después de Mahatma Gandhi, pero que desgraciadamente no se hizo famoso. Y se supo, mucho tiempo después de su muerte, que el gran pensador había reflexionado mucho, en su juventud, sobre la multiplicidad en el caos, la repetitividad en lo aleatorio y las fórmulas ecuánimes de lo infinito y paralelo.
De sus arduas reflexiones, que le llevaron más de ciento veinte años, extrajo una máxima insuperable. Sholín Muhamaha la grabó con tiza en la roca más grande del Himalaya para que durara por siempre, y reza lo siguiente: “Si una persona pudiera ver los rostros de todas las personas vivas en tan sólo un segundo, sus facciones, sus parecidos, sus defectos y matices… quedaría muy mareado”.

La vida de Sholín Muhamaha IV

Decían que Sholín Muhamaha era el más grande pensador después de Mahatma Gandhi, pero que desgraciadamente no se hizo famoso. Según se cree, tuvo una mascota durante doscientos años: la mamá de la tortuga de Darwin. Se dice que Sholín Muhamaha fue el que inspiró la idea a Charles Darwin sobre la evolución una tarde, tomando el té telepáticamente.
Quizás muchos lo ignoren, pero se encontraron manuscritos de Darwin que afirman que él manejaba la telepatía y que la usaba a menudo. Aparentemente fue así cómo descubrió la mentira esa de la teoría evolutiva y que atrapó a la tortugota, hija de la tortuga de Sholín Muhamaha.
También el genio espiritual Sholín Muhamaha tuvo como mascota a un dragón chino. Lo encontró siendo un huevito, lo vio nacer, pensando en él escribió la historia de Éragon (en la que Éragon era el mismo Sholín Muhamaha de pequeño, recientemente plagiada). Lamentablemente también lo vio morir por sobredosis de paté. Desde entonces Sholín Muhamaha jamás volvió a tener un dragón y tampoco volvió a alimentar a sus mascotas con paté. A menos que quisiera matarlas.